Valancy Stirling
Valancy Stirling —No se le puede dar un azote —la prima Stickles estaba muy agitada—. Tiene veintinueve años.
—Hay un beneficio, al menos, en tener veintinueve años —dijo Valancy, que habÃa oÃdo este pedacito de la conversación.
—Doss —dijo el tÃo Benjamin—, cuando esté muerto puedes decir lo que quieras. Pero mientras esté vivo te exijo ser tratado con respeto.
—Ah, pero usted sabe muy bien que todos nosotros estamos muertos —dijo Valancy—; el clan Stirling al completo. Solo que algunos de nosotros estamos enterrados y otros no… aún. Esa es la única diferencia.
—Doss —dijo el tÃo Benjamin, pensando que podÃa intimidar a Valancy—, ¿recuerdas el dÃa que robaste la confitura de frambuesa?
Valancy se sonrojó intensamente, no por vergüenza, sino porque le resultó difÃcil contener la risa. Estaba segura de que el tÃo Benjamin encontrarÃa la manera de hablar de aquella historia de la mermelada.
—Claro que me acuerdo —replicó ella—. Estaba muy buena aquella confitura. Siempre me he arrepentido de no haber comido más antes de que usted me descubriera. Oh, mire la sombra del perfil de la tÃa Isabel en la pared. ¿Alguien ha visto algo tan gracioso?
Todo el mundo la miró, incluyendo a la propia tÃa Isabel que, al volverse, hizo que la sombra se arruinara. Pero el tÃo Herbert dijo amablemente: