Valancy Stirling
Valancy Stirling —Y está decidida a ir a la iglesia presbiteriana —dijo la prima Stickles, callándose, no obstante, cosa que le honraba, la historia de la barandilla.
—Eso prueba que está trastornada —gruñó el tÃo Benjamin—. Me di cuenta de que habÃa algo extraño en ella, tan pronto como llegó. Y también lo habÃa notado con anterioridad —el tÃo Benjamin estaba pensando en su «mirazh»—. Todo lo que ha dicho en el dÃa de hoy muestra una mente desequilibrada. Su pregunta: «¿Es ese un órgano vital?»… ¿Tiene algún sentido dicha observación? ¡Ninguno en absoluto! Nunca he visto nada semejante en los Stirling. Debe ser cosa de los Wansbarra.
La pobre señora Frederick estaba demasiado aturdida como para sentirse indignada.
—Nunca he oÃdo hablar de algo parecido en los Wansbarra —dijo sollozando.
—Tu padre era bastante extraño —dijo el tÃo Benjamin.
—SÃ, mi pobre padre era bastante peculiar —admitió la señora Frederick entre lágrimas—, pero su mente nunca estuvo perturbada.