Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy había conocido muy bien a «Cissy Gay» gracias a la democratización de la escuela pública, aunque Cissy era tres años más joven. Sus caminos se habían separado cuando dejaron la escuela y Valancy no había vuelto a saber nada de ella. El viejo Abel era presbiteriano. O, más bien, era un pastor presbiteriano el que había bendecido su matrimonio, bautizado a su hija y enterrado a su esposa. Sin embargo, sabía más de teología presbiteriana que la mayoría de sus pastores, quienes temían por encima de todo mantener discusiones teológicas con él. Pero Abel el Aullador no iba jamás a la iglesia. Cada uno de los pastores presbiterianos que habían pasado por Deerwood intentaron reformarle al menos en una ocasión. Pero en los últimos tiempos ya no le molestaban. El reverendo señor Bently oficiaba en Deerwood desde hacía ocho años, pero no se había dirigido a Abel el Aullador desde el tercer mes de su curato. Por aquel entonces había ido a visitar a Abel el Aullador y lo encontró en un estado de auténtica ebriedad teológica; ebriedad que seguía sistemáticamente al estadio sentimental y sensiblero, y precedía a la fase del aullido y la blasfemia. Y seguida, en última instancia, de una fase de elocuente plegaria en el transcurso de la cual se sometía temporal e intensamente a un Dios enojado. Abel nunca iba más lejos. Por lo general se dormía sobre sus rodillas y se despertaba sobrio, pero nunca había estado «totalmente borracho» en su vida. Le dijo al pastor Bently que era un buen presbiterano y seguro de su fe. Y que no tenía pecados —que él pudiera recordar— de los que tuviera que arrepentirse.