Valancy Stirling
Valancy Stirling Abel habÃa querido que Cissy fuera debidamente bautizada —él estaba felizmente borracho también ese dÃa—. Con el tiempo la envió a los oficios religiosos y a la escuela dominical con regularidad. Las gentes de la iglesia la recibieron con los brazos abiertos y fue a su vez miembro de la Misión, de la CofradÃa de las jóvenes, y de la Sociedad de las muchachas misioneras. Era una joven trabajadora, discreta, fiel y sincera. A todo el mundo le agradaba Cissy Gay y la compadecÃa. Era una jovencita muy modesta, sensible y bonita; de esas bellezas delicadas y fugaces cuya hermosura se desvanece muy rápidamente cuando no puede nutrirse de ternura y amor. Pero la simpatÃa y la compasión no impidieron que los miembros de esta comunidad la destrozaran anÃmicamente saltando sobre ella como gatos hambrientos cuando sobrevino la catástrofe. Hacia cuatro años, durante la temporada estival, Cissy Gay se habÃa ido a trabajar como camarera en un hotel de Muskoka. Cuando regresó en otoño lo hizo muy cambiada. Se escondió lejos y no se la vio en ninguna parte. La razón pronto fue conocida y estalló el escándalo. Ese invierno nació el bebé de Cissy, y nadie supo quién era el padre. La joven mantuvo sus pobres y pálidos labios firmemente sellados en lo referente a su triste secreto. Nadie se atrevÃa a preguntarle a Abel el Aullador cuestión alguna referida a ella. Los rumores y las conjeturas designaron culpable a Barney Snaith, pues una diligente investigación —entre las restantes camareras del hotel— reveló que nadie habÃa visto jamás a Cissy Gay «en compañÃa de un hombre». «VivÃa apartada», afirmaron más bien con resentimiento. «Demasiado buena para nuestros bailes. ¡Y mÃrala, ahora!».