Valancy Stirling
Valancy Stirling El bebé vivió un año. Y después de su muerte, Cissy desapareció. Hacía dos años que el doctor Marsh le había dado seis meses de vida —sus pulmones estaban irremediablemente enfermos—; pero aún estaba viva. Nadie iba a verla. Las mujeres no iban a la casa de Abel el Aullador. El señor Bently había ido en una ocasión, en ausencia de Abel, pero la terrible y vieja prima, que estaba fregando el suelo de la cocina, le dijo que Cissy no quería ver a nadie. La vieja prima había muerto con el paso del tiempo y Abel el Aullador había tenido dos o tres criadas de mala reputación —las únicas que se atrevían a entrar en una casa en la que una muchacha se moría de consunción—. Pero la última se había marchado y Abel el Aullador no tenía ahora a nadie que cuidara de Cissy y se ocupara de las cosas que no podía hacer. Tal era la denuncia que le refería Abel a Valancy, condenando a los «hipócritas» de Deerwood y las comunidades circundantes con algunos sabrosos juramentos que llegaron a los oídos de la prima Stickles cuando atravesaba el vestíbulo y casi terminaron con la pobre mujer. ¿Estaba Valancy escuchando eso?