Valancy Stirling
Valancy Stirling —Oh, ella se organiza. Barney Snaith siempre la visita cuando pasa y la ayuda en todo lo que le pide. Le trae naranjas y flores y cosas por el estilo. Ahà tienes a un buen cristiano. Y sin embargo, esos santurrones y gimoteadores de St. Andrew no caminarÃan a su lado. Sus perros irán al cielo antes que ellos. Y su pastor… tan lustroso como si le hubiera lamido una vaca.
—Hay mucha gente buena, tanto en St. Andrew como en St. George, que serÃa amable con Cissy si usted… se portara bien —dijo Valancy severamente—. Tienen miedo de acercarse a su casa.
—Porque soy un triste perro viejo… Pero no muerdo, nunca he mordido a nadie en mi vida. Algunas palabras aquà y allá no hacen daño. Y yo no le pido a nadie que venga… No quiero que aparezcan a inspeccionar y curiosear en todo. Lo que necesito es un ama de llaves. Si me afeitara todos los domingos y fuera a la iglesia tendrÃa todas las amas de llaves que quisiera. Y serÃa respetable, entonces. Pero ¿de qué sirve ir a la iglesia cuando todo está predestinado? DÃgame, señorita.
—¿Es eso cierto? —pregunto Valancy.
—SÃ, y no hay modo de escapar de ninguna manera. Ojalá pudiera escapar a mi destino. No quiero el cielo o el infierno para siempre. Ojalá el hombre pudiera tener una mezcla de ambos en proporciones iguales.