Valancy Stirling
Valancy Stirling Aquel había sido un lugar bastante confortable durante la próspera juventud de Abel Gay, y el cartel en forma de arco ubicado sobre la entrada —«A. Gay, carpintero»—, resultaba entonces incluso bonito y recién pintado. Ahora el lugar parecía viejo y lúgubre, y había perdido todo su esplendor, con un techo lacerado y parcheado, y las persianas combadas. A primera vista, Abel no parecía ejercer de carpintero en su propia casa; la construcción tenía un aire lánguido, como si estuviera cansada de vivir. Tras ella, un pinar colmado de viejos espinos desmedrados. El jardín, que Cissy acostumbraba a mantener en otro tiempo arreglado y hermoso, aparecía ahora salvaje y abandonado. A ambos lados de la casa se extendía un campo invadido únicamente por las candelarias. En la parte posterior una larga extensión de estériles páramos cubiertos de pinos y malezas, y por aquí y por allá, algunos retoños de cerezos silvestres. Los páramos se extendían hasta un cinturón de árboles —que rodeaban las riberas del lago Mistawis—, a dos millas de distancia. Un camino accidentado y pedregoso, cubierto de grandes rocas, conducía hasta el bosque; un camino tapizado de hermosas margaritas blancas que crecían como la mala hierba.
Abel el Aullador se encontraba en la puerta a la llegada de Valancy.