Valancy Stirling
Valancy Stirling —Señorita Stirling ¿no hay nada que pueda hacerla cambiar de opinión? ¿Recuerda sus dÃas de infancia?
—Perfectamente. Y los odio.
—¿Ha pensado en lo que va a decir la gente? ¿Lo que están diciendo ya?
—Puedo imaginarlo —dijo Valancy encogiendo los hombros. De pronto se encontró libre de miedos de nuevo—. No he escuchado en vano durante veinte años, bien en las recepciones o las tardes de costura, todos los cotilleos de Deerwood. Pero, doctor Stalling, le aseguro que no me importa lo más mÃnimo lo que puedan decir… Ni lo más mÃnimo.
El doctor Stalling regresó a Deerwood. ¡Una muchacha a la que no le importaba en absoluto la murmuración pública! ¡Para quien los vÃnculos sagrados de la familia no ejercÃan influencia alguna! ¡Y que odiaba sus recuerdos de la infancia!
Seguidamente se presentó la prima Georgiana —por iniciativa propia, pues nadie habrÃa creÃdo que mereciera la pena enviarla—. Encontró a Valancy sola, quitando las malas hierbas en el pequeño huerto que habÃa plantado, y le hizo las súplicas más triviales que se puedan imaginar. Valancy la escuchó pacientemente. La prima Georgina no era una mala persona. Luego dijo: