Valancy Stirling
Valancy Stirling Cada domingo al atardecer, Valancy acudÃa a la pequeña iglesia metodista libre[26] —en el valle, colindando con los arrabales—, una pequeña y puntiaguda edificación gris entre los pinos, al lado de un cementerio cubierto de maleza donde descansaban, bien protegidas por un viejo cercado, algunas tumbas enterradas con sus lápidas cubiertas de musgo. A Valancy le gustaba el pastor que predicaba en esta iglesia. Era muy franco y sencillo; un anciano de Port Lawrence que habÃa llegado hasta allà por el lago —en una pequeña dippy[27] a motor— a celebrar gratuitamente los servicios religiosos para la gente que vivÃa en las pequeñas granjas de piedra de las colinas, que sin este pastor jamás hubieran escuchado el mensaje del Evangelio. A la joven le gustaba aquel sencillo oficio religioso y sus fervientes cantos. Le agradaba sentarse junto a la ventana abierta y mirar hacia el bosque de pinos.