Valancy Stirling
Valancy Stirling Y de pronto, justo cuando el bosque de pinos se deshilachaba para dar paso a los páramos de maleza, Lady Jane se quedó en silencio… demasiado silencio. Lady Jane simplemente se desaceleró suavemente… y se detuvo.
Barney lanzó una exclamación horrorizada. Salió del coche, examinó la situación, y regresó con tono de disculpa.
—Soy un viejo tonto. Sin gasolina. SabÃa que me quedaba poca cuando salà de casa, pero tenÃa pensado abastecerme de combustible en Deerwood. Luego, con las prisas por llegar a Chidley Corners, me olvidé por completo.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó Valancy frÃamente.
—No lo sé. La estación de servicio más cercana está en Deerwood, a nueve millas de distancia. Y no me atrevo a dejarla aquà sola. Siempre hay vagabundos a lo largo de esta carretera… y algunos de esos locos idiotas de Corners podrÃan haberse rezagado y terminar por alcanzarnos. HabÃa muchachos de Port Lawrence entre ellos. En mi opinión, lo más prudente que podemos hacer es quedamos aquà sentados pacientemente hasta que pase algún coche que pueda prestarnos un poco de gasolina para llegar a la casa de Abel el Aullador.
—Bueno, ¿y cuál es el problema? —preguntó Valancy.