Valancy Stirling
Valancy Stirling —Oh, no me resfriaré. No he cogido un resfriado desde que llegué a casa del señor Gay. Es curioso, antes siempre me resfriaba. Me siento egoÃsta si me pongo su abrigo.
—Ha estornudado tres veces. No hace falta añadir una gripe o una neumonÃa a su «experiencia».
Barney levantó el cuello del abrigo para cubrir bien la garganta de Valancy y lo abotonó. La joven se sometió a esta operación con un deleite secreto. ¡Qué agradable resultaba tener a alguien que cuidara de una de aquella manera! Se acurrucó entre los pliegues con olor a tabaco y deseó que la noche no terminara nunca.
Diez minutos más tarde, un coche que venÃa por la carretera de los arrabales descendió a toda velocidad hacia ellos. Barney salió del coche y agitó su mano. Valancy pudo ver al tÃo Wellington y a su prima Olive mirándola horrorizados.
¡De modo que el tÃo Wellington se habÃa comprado el coche finalmente! Y debÃa haber pasado la tarde en Mistawis con el primo Herbert. Valancy casi se echó a reÃr a carcajadas al ver la expresión de sus rostros al reconocerla. ¡Menudo viejo embustero bigotudo y pretencioso!
—¿PodrÃa dejarme combustible para llegar a Deerwood? —preguntó Barney muy cortésmente.
Pero el tÃo Wellington no le hizo el menor caso.