Valancy Stirling
Valancy Stirling Lady Jane podÃa batir records cuando se lo proponÃa. Valancy agitó su mano alegremente para saludar a su familia. En cuanto a la señora Frederick, le hubiera gustado ser capaz de tener una crisis de histeria.
—¿Para esto sufrà los dolores de la maternidad? —inquirió en un tono lúgubre.
—No puedo creer —añadió solemnemente la prima Stickles— que nuestras oraciones no tengan respuesta.
—¿Quién… quién protegerá a esa desafortunada muchacha cuando me haya ido? —gimió la señora Frederick.
En cuanto a Valancy, se preguntaba si realmente hacÃa tan solo unas pocas semanas que se habÃa sentado con ellas en aquella veranda. Odiaba la planta del caucho. Que la acosaran con preguntas burlonas como si fueran moscardones. Tener que preocuparse siempre por las apariencias. Sentirse intimidada por las cucharillas de la tÃa Wellington y el dinero del tÃo Benjamin. Vivir atormentada por la pobreza. Tener miedo de todo el mundo. Sentir envidia de Olive. Vivir esclava de tradiciones apolilladas. No tener esperanza alguna en el futuro.
Y ahora, cada dÃa era una jovial aventura.