Valancy Stirling
Valancy Stirling —No las tenÃa. Pero querÃa que hablases tú. No es necesario que te enamores de mÃ, pero quiero que actúes como un ser humano normal y corriente. Háblame de esa isla tuya. ¿Qué clase de sitio es?
—El lugar más agradable del mundo. Te va a encantar. La primera vez que lo vi me enamoré de él. El viejo Tom MacMurray era el propietario por aquel entonces. Construyó la pequeña cabaña, vivÃa allà en invierno, y en verano la alquilaba a gente de Toronto. Se la compré… me convertÃ, gracias a esa sencilla transacción, en un terrateniente propietario de una casa y una isla. Hay algo de lo más satisfactorio en el hecho de ser dueño de toda una isla. ¿Y acaso no es fascinante la idea de una isla deshabitada? HabÃa querido poseer una desde que leà Robinson Crusoe. ParecÃa demasiado bueno para ser verdad. La mayor parte del paisaje pertenece al gobierno, pero no te cobran impuestos por mirarlo, y la luna es propiedad de todo el mundo. No encontrarás mi cabaña muy ordenada. Supongo que querrás organizarÃa.
—Sà —contestó Valancy honestamente—. Tengo que ser meticulosa. No es que realmente quiera serlo. Pero el desorden me hace daño. SÃ, tendré que poner orden en tu cabaña.
—Estaba preparado para eso —repuso Barney, con fingida protesta.