Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy miró… y miró… y miró nuevamente. Sobre el lago se extendÃa una neblina diáfana y lila cubriendo la isla. Dos enormes pinos la atravesaban estrechando sus manos sobre la cabaña de Barney, alzándose amenazadores como si de unos sombrÃos torreones se tratase. Tras ellos un cielo color rosado bajo el resplandor crepuscular, y una pálida luna en cuarto creciente.
Valancy se estremeció como un árbol al que el viento mece de pronto. ParecÃa como si algo hubiese penetrado en su alma.
—¡Mi Castillo Azul! —exclamó—. ¡Oh, mi Castillo Azul!
Subieron a la canoa y remaron. Dejaron atrás el reino de lo cotidiano y todo aquello que era conocido, y desembarcaron en un reino de misterio y encantamiento donde cualquier cosa podÃa ocurrir… cualquier cosa podÃa ser real. Barney ayudó a Valancy a salir de la canoa y la arrastró hacia una roca cubierta de liquen emplazada bajo un pino joven. Sus brazos la rodearon, y de repente posó sus labios sobre los suyos. Valancy sintió un escalofrÃo ante el arrobo de su primer beso.
—Bienvenida a casa, querida —estaba diciendo Barney.