Valancy Stirling
Valancy Stirling —Docenas de hijos no, querida… oh, no, docenas no. Ni siquiera una docena. Solo tiene nueve. Al menos solo nueve que tengan importancia. El resto están muertos. No es anciano… solo tiene cuarenta y ocho años, está en la flor de la vida, Doss… ¿y qué importancia tiene un bulto?
—Ninguna, por supuesto —admitió Valancy, de un modo bastante sincero. Decididamente a ella le daba igual si Edward Beck tenÃa un bulto o una docena de bultos o ningún bulto en absoluto. Pero a Valancy le estaban comenzando a asaltar vagas sospechas. De la prima Georgiana emanaba cierto aire de triunfo reprimido. ¿Acaso era posible que estuviese pensando en casarse de nuevo? ¿Con Edward Beck? Absurdo. La prima Georgiana tenÃa sesenta y cinco años, ni uno menos, y su pequeño rostro inquieto estaba tan cubierto de finas arrugas que aparentaba al menos cien. Pero aun asÃ…
—Querida —dijo la prima Georgiana—, Edward Beck quiere casarse contigo.
Valancy la miró detenidamente durante un instante. Después quiso reÃr a carcajadas, pero se limitó a preguntar:
—¿Conmigo?