Valancy Stirling
Valancy Stirling —¿SÃ? —preguntó Valancy distraÃdamente. ¿Qué demonios se traÃa entre manos la prima Georgiana que le hacÃa darse tanta importancia y mostrarse tan misteriosa? ¿Acaso importaba? No. Nada importaba salvo Barney y el Castillo Azul, allá en Mistawis.
—¿Quién crees que vino a visitarme el otro dÃa? —preguntó la prima Georgiana con aires de superioridad.
Valancy fue incapaz de adivinarlo.
—Edward Beck —la prima Georgiana bajó la voz hasta casi un susurro—. Edward Beck.
¿A qué venÃa esa cursiva? ¿Se estaba sonrojando la prima Georgiana?
—¿Quién diablos es Edward Beck? —preguntó Valancy con indiferencia.
La prima Georgiana la miró fijamente.
—Seguro que recuerdas a Edward Beck —repuso con reproche—. Vive en esa adorable casa en la carretera que lleva a Port Lawrence, y acude a nuestra iglesia con frecuencia. Tienes que acordarte de él.
—Oh, creo que ya sé a quién se refiere —dijo Valancy, haciendo un esfuerzo de memoria—. Es ese anciano que tiene un bulto en la frente, docenas de hijos, y que siempre se sienta en el banco de la iglesia junto a la puerta, ¿verdad?