Valancy Stirling
Valancy Stirling «Asà que, gracias a Dios, Valancy regresa a casa», pensó Olive. Pero Valancy no ofrecÃa el aspecto de la hija pródiga que vuelve arrepentida. Esa era la causa de su ceño fruncido. ParecÃa triunfante… ¡descortés! Ese extravagante vestido… ese extraño sombrero… esas manos llenas de rosas de un color rojo intenso. Aun asÃ, Olive percibió al instante que habÃa algo, tanto en el vestido como en el sombrero, de lo que carecÃa por completo su propio atuendo. Esto profundizó su ceño fruncido. Le tendió una mano condescendiente.
—Asà que has vuelto, Doss. Un dÃa muy caluroso, ¿verdad? ¿Has venido caminando?
—SÃ. ¿Entras?
—Oh, no. Acabo de estar ahÃ. He venido a menudo para ofrecer consuelo a mi pobre tÃa. Se ha encontrado muy sola. Voy a tomar el té a casa de la señora Bartlett; tengo que ayudarle a servirlo. Lo ofrece en honor de su prima de Toronto. Una muchacha de lo más encantadora. Te hubiese gustado conocerla, Doss. Creo que la señora Bartlett te envió una invitación. Quizás te pases por allà más tarde.
—No, no lo creo —dijo Valancy con indiferencia—. Tengo que volver a casa para prepararle la cena a Barney. Esta noche iremos a dar un paseo en canoa bajo la luz de la luna por todo Mistawis.
—¿Barney? ¿Cena? —jadeó Olive—. ¿De qué estás hablando, Valancy Stirling?