Valancy Stirling
Valancy Stirling —¡Mire mi rosal! ¡Pero si está floreciendo!
Y asà era. Estaba completamente cubierto de flores. Grandes, aterciopeladas, carmesÃes. Fragantes, resplandecientes, maravillosas.
—Le ha sentado bien que lo despedazara, después de lodo —dijo Valancy riendo. Cortó un puñado de esas flores; lucirÃan bien en Mistawis, sobre la mesa donde cenaban en la veranda. Prosiguió su camino, todavÃa sonriendo, consciente de que Olive estaba en pie sobre los escalones. Olive, bella como una diosa, mirando hacia abajo con el ceño ligeramente fruncido. Olive, hermosa, insolente. Sus voluptuosas formas cubiertas por encaje y seda rosas. Su cabello castaño dorado cayendo profusamente en cascadas de rizos bajo su sombrero grande con volantes blancos. Su tez, sonrosada y cremosa.
«Preciosa», pensó Valancy frÃamente, «pero…», como si de repente mirase a sus prima con nuevos ojos, «… sin el menor toque de distinción».