Valancy Stirling
Valancy Stirling Cuando terminaban de cenar se sentaban allí y hablaban durante horas… o se sentaban sin decir nada en todos los idiomas del mundo; Barney se apartaba con su pipa y Valancy soñaba distraída y deliciosamente, mientras contemplaba las lejanas colinas más allá de Mistawis donde las agujas de los abetos se elevaban contra la puesta de sol. La luz de la luna pronto comenzaría a bañar de plata el Mistawis. Los murciélagos se abatirían amenazadores contra el tenue sol de poniente. No muy lejos de allí, la pequeña cascada que se deslizaba ladera abajo comenzaría —gracias al capricho de los dioses de los bosques agrestes— a asemejarse a una maravillosa mujer pálida haciendo señas a través de los aromáticos y fragantes árboles de hoja perenne. Y Leander se dispondría a ulular ahogada y diabólicamente en la orilla de tierra firme. ¡Qué dulce resultaba sentarse allí y no hacer nada inmersa en un maravilloso silencio, con Barney al otro lado de la mesa, fumando!