Valancy Stirling
Valancy Stirling Había otras muchas islas a la vista, aunque ninguna se hallaba situada lo bastante cerca como para que sus vecinos resultasen molestos. Lejos hacia el norte se enclavaban un pequeño grupo de isletas a las cuales llamaban las Islas Afortunadas. Cuando amanecía se asemejaban a un racimo de esmeraldas, y cuando se ponía el sol a un ramillete de amatistas. Eran demasiado pequeñas para albergar casas; pero las luces en las islas más grandes iluminaban todo el lago y sus habitantes encendían hogueras en sus orillas, derramando su luz entre las sombras del bosque y arrojando sobre las aguas enormes lazos de un intenso color rojizo. La música, procedente de los barcos que se encontraban aquí y allá, llegaba hasta ellos de manera seductora; también desde la veranda de la enorme casa ubicada en la isla más grande, propiedad de un millonario.
—¿Te gustaría una casa como esa, Luz de Luna? —le preguntó una vez Barney, apuntando con su mano hacia ella. Se había acostumbrado a llamarla Luz de Luna, y a Valancy le encantaba.