Valancy Stirling
Valancy Stirling —No —respondió Valancy, quien hacÃa mucho tiempo soñaba con un castillo en la montaña diez veces más grande que la cabaña de ese hombre rico, y ahora se compadecÃa de los pobres habitantes de los palacios—. No, es demasiado elegante. TendrÃa que cargar con ella dondequiera que fuese. Sobre mi espalda, como si fuese un caracol. SerÃa mi dueña… me poseerÃa, en cuerpo y alma. Yo quiero una casa que pueda amar, abrazar y organizar. Exactamente igual que la nuestra. No envidio la sofisticada residencia de verano de Hamilton Gossard. Es magnÃfica, pero no es mi Castillo Azul.
Más abajo, desde el extremo más alejado del lago, atisbaban cada noche a través de un claro un gran tren continental que avanzaba a toda máquina. A Valancy le gustaba contemplar cómo sus ventanillas iluminadas pasaban velozmente, y se preguntaba quién viajarÃa en él y qué esperanzas y miedos transportaba. También le divertÃa imaginarse a Barney y a ella acudiendo a los bailes y cenas que se ofrecÃan en las casas de las islas, aunque en realidad no deseaba asistir. Una vez fueron a un baile de máscaras en el pabellón de uno de los hoteles al norte del lago; disfrutaron de una noche espléndida, pero se escabulleron en su canoa de vuelta al Castillo Azul antes del momento en que debÃan retirarse las máscaras.
—Ha sido estupendo… pero no quiero asistir de nuevo —dijo Valancy.