Valancy Stirling
Valancy Stirling Pero ahora adoraba el invierno. El invierno era hermoso en los arrabales… casi insoportablemente hermoso. DÃas de intensa luminosidad. Atardeceres que eran como copas de glamour de la cosecha más pura de vino invernal. Noches con su fuego de estrellas. Amaneceres hibernales frÃos y exquisitos. Encantadores helechos de hielo sobre todas las ventanas del Castillo Azul. El claro de luna sobre los abedules en un deshielo plateado. Sombras desiguales en las tardes ventosas… sombras fantásticas, rasgadas y retorcidas. Grandes silencios, solemnes e incisivos. Colinas salvajes y engalanadas. El sol abriéndose paso repentinamente entre nubes grises sobre el extenso y blanco Mistawis. Crepúsculos de un tono gris glacial, rotos por tormentas de nieve, en los que su acogedor salón parecÃa más confortable que nunca gracias a sus misteriosos gatos y los duendes creados por la luz del fuego. Cada hora ofrecÃa nuevas maravillas y descubrimientos.