Valancy Stirling
Valancy Stirling En una ocasión se detuvieron, vacilando en medio del éxtasis, ante la entrada de un sendero angosto situado entre hileras de abedules. Cada rama, grande o pequeña, estaba delineada por la nieve. La maleza a lo largo de los costados formaba un pequeño bosque de hadas hecho de mármol. La apariencia de las sombras bajo la pálida luz del sol se revelaba delicada y espiritual.
—Vamos a alejarnos —dijo Barney volviéndose—. No debemos cometer la profanación de cruzar caminando por ahÃ.
Una tarde se adentraron hasta un lomo de nieve en un antiguo claro que poseÃa una similitud de lo más precisa con el perfil de una mujer hermosa. Si uno se acercaba demasiado, el parecido se perdÃa, a semejanza del cuento del Castillo de St. John[45]. Vista desde atrás, era una rareza sin forma. Pero bajo la distancia y ángulo apropiados el contorno era tan perfecto que, cuando se tropezaron con ella inesperadamente, resplandeciendo contra el oscuro trasfondo que conformaban las pÃceas bajo la intensidad de la puesta de sol invernal, ambos profirieron una exclamación de asombro. Pudieron ver una frente noble y baja; una nariz clásica y recta; labios, barbilla y contorno de la mejilla modelados como si una diosa de tiempos ancestrales se hubiese sentado y posado ante el escultor; y un pecho de una pureza frÃa y prominente semejante a aquella de la que podrÃa haber alardeado el mismÃsimo espÃritu de los bosques invernales.