Valancy Stirling
Valancy Stirling Disfrutaron de una Navidad deliciosa. Sin prisas. Sin discusiones. Sin exasperantes intentos por sobrevivir hasta final de mes. Sin frenéticos esfuerzos por recordar si le había hecho el mismo tipo de regalo a la misma persona dos navidades antes. Sin las multitudes en las compras realizadas a última hora. Sin deprimentes «reuniones» familiares donde tomaba asiento; muda e insignificante. Sin ataques de «nervios». Decoraron el Castillo Azul con ramas de pino; Valancy hizo pequeñas y encantadoras estrellas de espumillón, y las colgó entre el follaje. Preparó una cena a la que Barney hizo completa justicia, mientras Good Luck y Banjo daban buena cuenta de los huesos.
—Una tierra que puede producir un ganso como ese una tierra admirable —aseguró Barney—. ¡Viva Canadá!
Y brindaron por la bandera de Gran Bretaña[47] con una botella de vino de diente de león que la prima Georgiana le había regalado a Valancy junto con el cubrecama.
—Nunca se sabe —le había dicho la prima Georgiana solemnemente— cuando se puede necesitar un poco de estimulante.
Barney le había preguntado a Valancy qué quería como regalo de Navidad.