Valancy Stirling
Valancy Stirling Su lado de la cama tenÃa que estar situado contra la ventana. No habÃa otro modo de disponerla en la diminuta habitación. Valancy, ahà tumbada, podÃa mirar hacia el exterior desde los cristales —a través de las grandes ramas de los pinos que los rozaban—, más allá de Mistawis, blanco y lustroso como un pavimento de perlas, u oscuro y terrible cuando habÃa tormenta. A veces las ramas de los pinos golpeaban contra la ventana con señales amistosas. En ocasiones escuchaba el tenue murmullo de la nieve al caer contra ella, justo en su lado. Algunas noches la totalidad del mundo exterior parecÃa haber cedido ante la soberanÃa del silencio; después se sucedÃan noches en las que un viento majestuoso se deslizaba entre los pinos; noches de deliciosa luz de estrellas cuando estas silbaban de un modo peculiar y alegre alrededor del Castillo Azul; noches melancólicas que precedÃan a una tormenta cuando esta se arrastraba a lo largo del fondo del lago con un gemido sordo amenazante y misterioso. Valancy desperdiciaba muchas horas de descanso en estas encantadoras contemplaciones. Pero durante la mañana podÃa dormir cuanto tiempo quisiera; a nadie le importaba. Barney se preparaba su propio desayuno compuesto por beicon y huevos, y después se encerraba en el cuarto de Barba Azul hasta la hora de comer. Entonces disfrutaban de una tarde de lectura y conversación, disertando sobre cualquier cosa de este mundo y de muchas cosas buenas de otros mundos. Se reÃan de sus propias bromas hasta que el Castillo Azul reverberaba.