Valancy Stirling
Valancy Stirling —No podÃa hacerlo. No sabÃa lo que tú deseabas. Pero sà le he dicho que no querÃa que el retrato de mi esposa estuviese colgado en una galerÃa para que la multitud lo contemplara. Perteneces a otro hombre, y obviamente no podrÃa comprar el cuadro. De modo que aunque hubieses querido que te retratara, Luz de Luna, tu tirano esposo no lo habrÃa permitido. Tierney estaba un poco enfadado. No está acostumbrado a ser rechazado de ese modo. Sus peticiones son casi como las de la realeza.
—Pero nosotros somos proscritos —rio Valancy—. No nos doblegamos ante ningún decreto… no reconocemos soberanÃa alguna.
En lo más profundo de su corazón pensó desvergonzadamente: «Ojalá Olive supiera que Allan Tierney querÃa pintarme. ¡A mÃ! La-insignificante-vieja-solterona-de-Valancy-Stirling».