Valancy Stirling
Valancy Stirling —TonterÃas —exclamó el doctor Trent bruscamente—. Me resulta imposible comprender tal disparate. Y pobre anciana señorita Sterling. Debió recibir su carta diciéndole que no habÃa nada grave de lo que preocuparse. Bueno, bueno, no hubiese supuesto ninguna diferencia. Era un caso perdido. Nada que hubiese hecho o dejado de hacer podrÃa haber cambiado nada. Me sorprendió que viviese tanto tiempo… dos meses. Estuvo aquà aquel dÃa, poco antes que usted. No quise contarle la verdad en aquel momento. Usted creerá que soy un viejo gruñón descortés, pues mis cartas son bastante francas. No puedo suavizar las cosas. Pero soy un cobarde llorón cuando la situación requiere decirle a una mujer, cara a cara, que pronto va a morir. Le dije que investigarÃa algunas particularidades del caso sobre las cuales no estaba demasiado seguro, y que le informarÃa al dÃa siguiente. Pero fue usted quien recibió esa carta… mire aquÃ: Querida señorita S-t-e-r-l-i-n-g.
—SÃ, me di cuenta. Pero pensé que era un error. No sabÃa que viviese nadie llamado Sterling en Port Lawrence.