Valancy Stirling
Valancy Stirling Cuando Valancy llegó hasta los pinos que se hallaban junto al lago, una visión sorprendente la arrancó de su doloroso aturdimiento. Allí, aparcado junto a la vieja y magullada Lady Jane, había otro coche. Un vehículo maravilloso. Un automóvil morado. No del tono morado oscuro y real[49], sino de uno atrevido y chillón. Brillaba como un espejo y su interior indicaba explícitamente que pertenecía a la casta de los Vere de Vere[50]. En el asiento del conductor se hallaba un chófer de aspecto arrogante y vestido con librea. En su parte trasera se sentaba un hombre que abrió la puerta y salió con agilidad mientras Valancy se acercaba por el sendero hacia la zona de aparcamiento. Él se detuvo bajo los pinos esperándola, y Valancy estudió cada detalle de su persona.
Era un hombre bajo, regordete y corpulento, con un rostro rubicundo, ancho y amable; iba afeitado, aunque un duendecillo inquieto en lo más profundo de la paralizada mente de Valancy le sugirió el siguiente pensamiento: «Un rostro como ese debería estar circundado por una barba blanca». Gafas pasadas de moda con montura de acero sobre unos prominentes ojos azules. Labios fruncidos y una nariz protuberante y ligeramente redondeada. Valancy se devanó los sesos. ¿Dónde… dónde… dónde había visto esa cara antes? Le resultaba tan familiar como la suya propia.