Valancy Stirling
Valancy Stirling —No es un Ford. Es una Grey Slosson —repuso Valancy animadamente. Por alguna razón oculta, el menosprecio con tono amistoso del doctor Redfern hacia la querida y vieja Lady Jane le dio vida. Una vida llena de dolor pero que seguÃa siendo vida. Mejor que la horrible mitad-muerte-mitad-vida de los últimos cinco minutos… o años. Dirigió un gesto brusco al doctor Redfern para que subiese al bote y le llevó al Castillo Azul. La llave se hallaba todavÃa en el viejo pino… la casa estaba en silencio y desierta. Valancy condujo al médico a través del salón en dirección a la veranda situada al oeste. Necesitaba estar fuera y poder respirar al aire libre. El sol brillaba todavÃa, pero al sudoeste un gran nubarrón —con blancas cimas y gargantas de moradas sombras— se estaba alzando lentamente sobre Mistawis. El médico se dejó caer respirando con dificultad sobre una silla rústica y se secó la frente de nuevo.
—Hace calor, ¿verdad? ¡Dios, menudas vistas! Me pregunto si verlas ablandarÃa a Henry.
—¿Ha cenado? —preguntó Valancy.