Valancy Stirling
Valancy Stirling —Millones —asintió el doctor Redfern con expresión satisfecha—. Y Bernie renuncia a ellos por… eso —agitó nuevamente el diamante con desprecio en dirección al Castillo Azul—. ¿Acaso no cabÃa esperar que tuviese más sentido común? Y todo por culpa de una muchacha delgada y paliducha. Quizá ha superado aquel sentimiento, de todos modos, teniendo en cuenta que se ha casado. Debe persuadirle para que regrese a la civilización. Desperdiciar su vida de este modo es una completa estupidez. ¿No me va a llevar a su casa, querida? Supongo que existe algún modo de llegar hasta allÃ.
—Por supuesto —contestó Valancy atolondradamente. Y le guio hasta la pequeña cala donde se hallaba amarrada la dippy.
—¿Querrá su hombre venir también?
—¿Quién? ¿Henry? No. MÃrelo sentado allà con aspecto reprobador. Desaprueba toda la expedición. El camino de subida desde la carretera casi le provoca un ataque. Bueno, lo cierto es que ha sido una senda endiablada para conducir por ella. ¿De quién es esa vieja camioneta de allá arriba?
—De Barney.
—¡Dios mÃo! ¿Bernie Redfern conduce una cosa como esa? Parece la tatarabuela de todos los Ford.