Valancy Stirling
Valancy Stirling Los bosques son tan humanos —escribÃa John Foster—, que para conocerlos, es necesario vivir en ellos. Un paseo ocasional por sus delimitados senderos no nos permitirá conocer sus interioridades. Si deseamos su amistad, debemos buscarla y ganárnosla con frecuentes y respetuosas visitas, a todas horas del dÃa; mañana, tarde y noche; y en todas las estaciones; primavera, verano, otoño e invierno. De otro modo, nunca llegaremos a conocerlos realmente, y toda persona que pretenda lo contrario no logrará su propósito. Los bosques tienen su propia y efectiva manera de mantener a los extraños a distancia, y de cerrar su corazón a los meros turistas ocasionales. Es inútil tratar de descubrir el bosque por una razón que no sea sino el profundo amor que nos inspira, pues de otro modo se replegará de inmediato y ocultará a nuestros ojos todos sus viejos y dulces secretos. Pero si sabe que acudimos a él porque lo amamos será muy amable con nosotros y nos regalará todos sus tesoros de belleza y placer, que no pueden comprarse ni venderse en mercado alguno. Porque el bosque, cuando se entrega, se entrega pródigamente y sin reservas hacia sus auténticos adoradores. Es preciso acudir al bosque con amor y humildad, paciencia y atención, y descubriremos la conmovedora belleza que se esconde en sus tierras salvajes y sus silenciosos claros, bajo un manto estrellado o en la puesta de sol; descubriremos, asà mismo, las melodÃas sobrenaturales resonando sobre las ramas envejecidas de los pinos o canturreando dulcemente en los bosquecillos de abetos; y también los delicados perfumes que exhalan los musgos y los helechos en los rincones más soleados o en los arroyos más húmedos; y qué sueños, mitos y antiguas leyendas los habitan aún. Y entonces, el inmortal corazón del bosque se fusionará con el nuestro y su vida sutil penetrará a hurtadillas en nuestras venas y nos hará suyos para siempre, de modo que, sin importar a dónde vayamos, o qué lejos nos transporten los caminos de la vida, siempre regresaremos al bosque para encontrar nuestra afinidad más perdurable.