Valancy Stirling
Valancy Stirling —El señor Redfern, según creo. Encantado de conocerle, señor. SÃ, esa muchachita traviesa suya está aquÃ. Hemos estado…
—Necesito verla —cortó Barney al tÃo Benjamin sin compasión.
—Por supuesto, señor Redfern. Entre. Valancy bajará en un minuto.
Acompañó a Barney al salón y se encaminó hacia la salita de estar, donde se encontraba la señora Frederick.
—Sube y dile a Valancy que baje. Su esposo está aquÃ.
Pero el tÃo Benjamin se mostró escéptico y dudó si Valancy podrÃa realmente bajar en un minuto —o bajar, sin más—, por lo que siguió a la señora Frederick escaleras arriba, andando de puntillas, y se dispuso a escuchar desde el pasillo.
—Valancy, querida —dijo con ternura la señora Frederick—, tu esposo está en el salón, y pregunta por ti.
—Oh, madre —Valancy, que se hallaba sentada junto a la ventana, se levantó y apretó las manos—. No puedo verle… ¡No puedo! DÃgale que se marche… pÃdale que se marche. ¡No puedo verle!
—Dile —siseó el tÃo Benjamin a través de la cerradura de la puerta— que Redfern ha dicho que no se piensa marchar hasta que la haya visto.