Valancy Stirling
Valancy Stirling —SÃ. Desde que tengo memoria he sido el hijo de un millonario. Pero cuando nacà papá todavÃa no lo era. Ni siquiera médico… sigue sin serlo. Era veterinario, y un completo fracaso en su profesión. Mi madre y él vivÃan en un pequeño pueblo cerca de Quebec y eran terriblemente pobres. No recuerdo a mi madre. Ni siquiera tengo una fotografÃa suya. Murió cuando yo tenÃa dos años. Era quince años más joven que padre… una maestra de escuela. Cuando murió, papá se mudó a Montreal y fundó una empresa para vender su tónico capilar. HabÃa soñado con la receta una noche, al parecer. Bueno, se puso de moda. El dinero empezó a llegar. Papá inventó —o soñó— también las otras cosas: pastillas, amargo de angostura, linimentos, y demás. Cuando cumplà los diez años ya era millonario, y habÃa comprado una casa tan grande que un chiquillo como yo siempre se sentÃa perdido en ella. TenÃa todos y cada uno de los juguetes que un niño podÃa desear… y era el diablillo más solitario del mundo. Solo recuerdo un dÃa feliz en mi infancia, Valancy. Solo uno. Incluso tú creciste en mejores circunstancias que esas. Papá se fue a visitar a un viejo amigo en el campo y me llevó con él. Me dejaron libertad para hacer lo que quisiera y pasé todo el dÃa martilleando clavos en un trozo de madera. Fue un dÃa maravilloso. Lloré cuando tuve que volver a mi cuarto lleno de juguetes en la gran casa de Montreal. Pero no le conté a papá por qué. Jamás le contaba nada. Siempre me ha resultado difÃcil decir ciertas cosas, Valancy, sobre todo las más profundas que siento en mi corazón. Y la mayorÃa lo eran para mÃ. Era un niño sensible, y lo fui más todavÃa cuando crecÃ. Nadie supo cuánto sufrÃa. Papá jamás llegó a imaginarlo.