Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy lo hizo, aunque nadie sabrá jamás hasta qué punto estuvo cerca de arrojar la planta del caucho[7] a la calle antes de salir. Detestaba aquellas enaguas de franela gris más que cualquier otra prenda de su posesión. Olive jamás se habÃa visto obligada a llevar enaguas de franela. Olive siempre vestÃa ropa de seda ahuecada y de fina batista y volantes de vaporosos encajes. Pero el padre de Olive se habÃa «casado con el dinero» y Olive jamás sufrió de bronquitis. Esa era la realidad.
—¿Estás segura de no haber dejado jabón en el agua? —preguntó la señora Frederick.
Pero Valancy ya se habÃa ido. Dio la vuelta a la esquina y miró a sus espaldas la horrible, recatada y respetable calle en que vivÃa. La residencia de los Stirling era la más fea de la calle —se parecÃa más a una caja de ladrillos rojos que a cualquier otra cosa—. Demasiado alta para su extensión, parecÃa aún más alta por la redondeada cúpula de vidrio que coronaba su tejado. PodrÃa decirse que respiraba la estéril y desoladora paz de una vieja casa que ha agotado su tiempo de vida.