Valancy Stirling
Valancy Stirling —Yo… yo simplemente he decidido podar este arbusto. Es inútil, no ha florecido ni florecerá jamás.
—Esa no es razón para destrozarlo —dijo la señora Frederick severamente—. Era un hermoso rosal y muy decorativo. Ahora tiene un aspecto deplorable, gracias a tus locuras.
—Las rosas deberÃan haber florecido —respondió Valancy con cierta obstinación.
—No discutas conmigo, Doss. Limpia todo este desastre y deja tranquilo al arbusto. No sé qué dirá Georgiana cuando vea cómo lo has despedazado. Verdaderamente, me sorprende tu comportamiento. Además, ¡sin consultarme!
—El rosal es mÃo —murmuró Valancy.
—¿Qué me ha parecido escuchar? ¿Qué has dicho, Doss?
—Solo he dicho que el rosal es mÃo —repitió Valancy humildemente.
La señora Frederick se volvió sin decir una palabra y se dirigió hacia la casa. El daño ya estaba hecho. Valancy sabÃa que habÃa ofendido profundamente a su madre y que no le dirigirÃa la palabra ni le harÃa caso durante dos o tres dÃas. La prima Stickles se ocuparÃa de trasladar los mensajes a Valancy, mientras la señora Frederick mantendrÃa un silencio sepulcral que atestiguarÃa su majestuosa indignación.