Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy suspiró y guardó su podadora, colgándola cuidadosamente sobre su escarpia en el cuarto de herramientas. Recogió las ramas mutiladas y barrió las hojas. Reprimió una sonrisa mientras lanzaba una mirada al andrajoso rosal. Extrañamente, tenía cierto parecido con su famélica y temblorosa donante, la pequeña prima Georgiana.
«Ciertamente, he hecho algo terrible», pensó Valancy.
Pero no se sentía culpable, simplemente triste por haber ofendido a su madre. La situación sería un tanto incómoda hasta que fuera perdonada, pues la señora Frederick era una de esas mujeres que hacen sentir su cólera en toda la casa. Las paredes y las puertas no suponen protección alguna en este caso.