Valancy Stirling
Valancy Stirling Por consiguiente, se sorprendió en gran medida cuando el señor Carewe, con un aire aún más solemne de lo que era habitual, le consignó una carta dirigida a ella. SÃ, era a ella a quien estaba remitida claramente, con un trazo negro y enérgico: «Señorita Valancy Stirling, Elm Street, Deerwood», y el matasellos era de la ciudad de Montreal. Valancy la recogió con una respiración algo acelerada. ¡Montreal! DebÃa ser una carta del doctor Trent. Se habÃa acordado de ella, después de todo.
Cuando salÃa, Valancy se cruzó con el tÃo BenjamÃn, y se sintió aliviada al saber que la carta estaba bien segura en su bolso.
—¿Cuál es la diferencia —preguntó el tÃo BenjamÃn— entre un burro y un sello de correos?
—No lo sé. ¿Cuál es? —preguntó Valancy obedientemente.
—Uno de un lametazo te deja «pegado», y el otro lo pegas de un lametazo. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
El tÃo BenjamÃn hizo su entrada extraordinariamente orgulloso de sà mismo.