Valancy Stirling
Valancy Stirling Compró el frasco de Píldoras Amargas de la prima Stickles y a continuación se dirigió a la oficina de correos y solicitó la entrega de su correspondencia. Su madre no disponía de un apartado de correos, pues no recibían suficiente correspondencia para molestarse en alquilarlo. Valancy no tenía previsto recibir correo alguno, excepto el Christian Times, el único periódico que compraban. Casi nunca recibían cartas, pero Valancy disfrutaba yendo a la oficina de correos para observar al señor Carewe, el viejo empleado de barba gris con aspecto de Papá Noel, consignando sus cartas a las personas que tenían la fortuna de recibirlas. Cumplía su labor con tal indiferencia, con un aire tan impersonal y tan soberbio, que pareciera impasible ante las divinas alegrías o las angustiosas tristezas que pudieran contener las misivas remitidas a esas gentes. Las cartas ejercían una enorme fascinación sobre Valancy, sin duda porque rara vez recibía alguna. En su Castillo Azul, las excitantes epístolas, envueltas en cintas y sellos carmesíes, le eran entregadas siempre por pajes uniformados con libreas azules y doradas; pero en la vida real, sus únicas cartas, si llegaba el caso, consistían en superficiales notas ocasionales de los miembros de su familia o en folletos publicitarios.