Anne y su pequeño mundo
Anne y su pequeño mundo Al regresar de Kensington, Jordan subió al dormitorio de la tía Nan y la encontró dormida con una sonrisa de felicidad en el rostro y con las rosas de Joscelyn entre los dedos. Así la halló la señora Morrison, cuando al día siguiente fue a llevarle el desayuno. La luz del sol iluminaba el dulce rostro y los plateados cabellos y descendía hacia las marchitas rosas rojas que descansaban sobre su pecho Feliz, sonriente y en paz yacía la tía Nan, pues mientras escuchaba cantar a su pequeña Joscelyn, había entrado en el sueño que no tiene despertar.