Anne y su pequeño mundo
Anne y su pequeño mundo Ante aquella pregunta, Salome volvió en sÃ. Por primera vez comprendió que habÃa caminado, o mejor dicho, corrido toda esa distancia entre la iglesia, sola y sin ayuda. Empalideció, se inclinó y hubiera caÃdo al suelo de no haberla sostenido su hermana.
El viejo doctor Blair se acercó.
—Éntrela —dijo—, y no se acerquen. Necesita soledad y descanso por un tiempo.
La mayorÃa de los vecinos retornaron obedientes a la iglesia, charlando volublemente. Unas pocas mujeres ayudaron a Judith a entrar a su hermana y a recostarla sobre el sofá de la cocina, seguidas por el doctor Blair y por el mojado Lionel Hezekiah, que habÃa sido sacado del tonel y a quien nadie prestaba atención.
Salome tartamudeó su historia y sus oyentes la atendÃan con emociones encontradas.
—Es un milagro —dijo Sam Lawson con voz sobrecogida.
El doctor Blair sacudió los hombros.
—Aquà no hay tal milagro. Es todo perfectamente natural. La enfermedad de la cadera se ha curado evidentemente hace tiempo. La naturaleza hace curas asà cuando se la deja actuar sola. La dificultad residÃa en que los músculos estaban paralizados por la larga inactividad. Esa parálisis fue vencida por un fuerte esfuerzo instintivo. Salome, póngase de pie y camine por la cocina.