Anne y su pequeño mundo
Anne y su pequeño mundo Sylvia, sin detenerse a pensarlo, tomó a Teddy de la mano y echó a correr cuesta arriba. No tuvo miedo, aunque ella también creía, como Teddy, que la pobre, solitaria y excéntrica vieja Lloyd, había terminado volviéndose loca.
Cuando Sylvia entró, la anciana estaba sentada en un sillón de la cocina. Teddy, demasiado asustado para entrar, se había quedado en la puerta. La vieja Lloyd todavía llevaba ~ el vestido de seda negra con que había vuelto de la estación: Su rostro estaba rojo, sus ojos brillantes y su voz ronca. Reconoció a Sylvia y se echó hacia adelante.
—No me mire —gemía—. Por favor váyase. No puedo soportar que usted vea cuán pobre soy. Va a ir a Europa. Andrew Cameron la mandará. Se lo pedí. No pudo negarse a mi pedido. Pero por favor, váyase.
Sylvia no se fue. A primera vista había comprendido que se trataba de enfermedad y de delirio, no de locura. Ordenó a Teddy que corriera en busca de la señora Spencer, y cuando ésta llegó acostaron entre las dos a la anciana y llamaron al médico. Esa noche todo Spencervale supo que la vieja Lloyd tenía pulmonía.