Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Emily detestaba los «Mamá Hubbard» con tanta intensidad como la tía Elizabeth. Eran peores, según ella, que los «delantales de bebé» de su primer verano en la Luna Nueva. Sabía que estaba ridícula con el «Mamá Hubbard» de la tía Laura, que le llegaba a los pies y le caía desgarbado y horrible desde los delgados hombros juveniles, y Emily tenía pánico al ridículo. Una vez había dejado boquiabierta a la tía Elizabeth diciendo que prefería «ser mala a ser ridícula». Emily había refregado y «lustrado» el suelo sin apartar un ojo de la puerta, lista para salir corriendo si aparecía algún extraño mientras ella vestía una prenda tan espantosa.
Salir corriendo no era, como Emily bien sabía, una tradición de los Murray. En la Luna Nueva uno se enfrentaba a las situaciones, tuviera puesto lo que tuviera puesto, dándose por sentado que siempre estaban adecuadamente ataviados para la ocupación del momento. Emily admitía que era razonable, pero, no obstante, era lo bastante joven y tonta para sentir que se moriría de vergüenza si alguien la veía con el «Mamá Hubbard» de la tía Laura. Estaba limpio, pero era «ridículo». ¡Ésa era la cuestión!