Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Yo no sufro el calor como los gordos —dijo la señorita Potter—. Espero que Elizabeth no nos haga esperar mucho. Laura está hilando; oigo la rueca en la buhardilla. Pero no servirÃa de nada verla. Elizabeth se opondrÃa a cualquier cosa que Laura pudiera prometer, aunque sólo fuera porque no lo ha decidido ella. Veo que acaban de sacar brillo al suelo. Mira esas maderas gastadas. Elizabeth Murray podrÃa cambiar el suelo, ¿no? pero es demasiado avara. Mira esa hilera de velas en la repisa del hogar, tanta molestia y una mala luz por un poquito más que puede costarle el queroseno. No se va a llevar el dinero en el ataúd, tendrá que dejarlo cuando pase la puerta de oro, aunque sea una Murray.