Emily lejos de casa

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Ahora bien, en ambos casos, yo pensaba que sólo miraba con una mirada encantadora.

La señora Ann Cyrilla ha afirmado que no soy guapa. ¿Es cierto?

Emily dejó la pluma, se acercó al espejo y observó «sin apasionamiento» su aspecto. Cabellos negros, ojos como humo púrpura, labios rojos. Eso no estaba mal. La frente era demasiado alta pero su nuevo peinado disimulaba el defecto. Tenía la piel demasiado blanca y las mejillas, tan pálidas en su niñez, ahora tenían el delicado tinte de un rosa perlado. La boca era demasiado grande, pero los dientes eran bonitos. Las orejas puntiagudas le daban un encanto de fauno. El cuello tenía una línea que a ella le gustaba. El cuerpo delgado, inmaduro, era grácil; sabía, porque se lo había dicho la tía Nancy, que tenía los tobillos y el arco del pie de los Shipley. Emily miró muy seria a la Emily del espejo desde varios ángulos, y volvió a su diario.

He llegado a la conclusión que no soy guapa. Creo que me veo guapa cuando me peino de una determinada forma, pero una niña de veras guapa lo sería se peinase como se peinase, de modo que la señora Ann Cyrilla tenía razón. Pero estoy segura de que tampoco soy tan fea como ella ha dado a entender.


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