Emily lejos de casa
Emily lejos de casa «Supongo que sí, Emily; eres muy misteriosa. No voy a hablar más del tema. Vamos a bañarnos. ¿No tenemos trajes de baño? ¿Y qué importa? No hay un alma en kilómetros a la redonda. No puedo resistirme a esas olas. Me llaman».
Yo sentía lo mismo que ella y bañarnos a la luz de la luna me parecía tan romántico y delicioso… y lo sería si los Potter del mundo no se enterasen. Cuando se enteran, lo ensucian todo. Nos desvestimos en una pequeña hondonada entre las dunas que era como un caldero de plata a la luz de la luna, pero nos quedamos con las enaguas puestas. Nos divertimos como locas nadando y saltando en el agua color azul plateado y las olas color crema, como si fuéramos sirenas o ninfas del mar. Era como vivir dentro de un poema o un cuento de hadas. Y cuando salimos yo le tendí una mano a Ilse y dije:
Ven a estas arenas amarillas
donde hemos bailado y hemos besado.
Silben salvajes las brisas.
Posa gracioso tu pie
y tu peso soporten los dulces duendes.