Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —No tiene sentido ni desearlo, no hablemos de eso, me entristece —dijo Emily, molesta.
—Bueno, al menos tendremos los fines de semana. Y tengo que agradecerte a ti que me deje ir. Lo que le dijiste a mamá aquella noche, en el cementerio, hizo que cediera. Sé que lo ha estado pensando desde entonces por cosas que decÃa de vez en cuando. Un dÃa de la semana pasada la oà murmurar: «Qué horrible ser madre, qué horrible ser madre y sufrir asÃ. ¡Y ella me llamó egoÃsta!». Y otra vez dijo: «¿Es egoÃsmo tratar de retener lo único que uno tiene en la vida?». Pero cuando me dijo que podÃa ir, estaba muy cariñosa. Yo sé que la gente dice que a mamá le falla la cabeza, y es cierto que a veces es un poco rara. Pero sólo cuando hay gente. No tienes idea, Emily, de lo buena y cariñosa que es cuando estamos solos. No me gusta nada dejarla. Pero ¡tengo que estudiar!
—Me alegrarÃa mucho que fuera lo que yo dije lo que la hizo cambiar de idea, pero jamás me perdonará. Me ha odiado desde entonces, tú lo sabes. Sabes cómo me mira cuando voy a Tansy Patch, ah, sÃ, es muy amable, pero… cómo me mira, Teddy.