Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Lo sé —replicó Teddy, incómodo—. Pero no seas dura con mamá, Emily. Estoy seguro de que no ha sido siempre igual, aunque es asà desde que yo tengo uso de razón. No sé nada de ella. Nunca me cuenta nada. No sé nada de mi padre. No quiere hablar de él. Ni siquiera sé cómo se hizo esa cicatriz en la cara.
—Yo no creo que tu madre esté mal de la cabeza —dijo Emily, despacio—. Pero creo que hay algo que la atormenta, que la atormenta siempre, algo que no puede olvidar ni dejar a un lado. Teddy, estoy segura de que tu madre está poseÃda. No me refiero, claro, a un fantasma ni ninguna tonterÃa por el estilo. Me refiero a un pensamiento terrible.
—No es feliz, lo sé —admitió Teddy—, y, además, somos pobres. Esta noche mamá me ha dicho que sólo puede mandarme a Shrewsbury durante tres años, es todo lo que podrá pagarme. Pero eso me da algo para empezar, después me las arreglaré de alguna manera. Sé que podré hacerlo. Algún dÃa se lo pagaré.
—Algún dÃa serás un gran pintor —dijo Emily, soñadora.