Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Habían llegado al final del Camino del Mañana. Ante ellos estaba la pradera del estanque, blanca de margaritas. Los granjeros odian las margaritas como si fueran una hierba mala, pero un campo blanco de margaritas en un crepúsculo de verano es una visión de la Tierra de los Deleites Perdidos. Más allá de ellas, Blair Water relucía como un gran lirio de oro. Sobre la colina del este, la Casa Desilusionada se acurrucaba entre sus sombras, soñando, tal vez, con la novia que nunca había llegado. En Tansy Patch no había luz. ¿Estaría llorando la solitaria señora Kent, en la oscuridad, con la única compañía de ese anhelo secreto que guardaba en su corazón atormentado?
Emily miraba el cielo del crepúsculo, con los ojos absortos y la cara pálida y ansiosa. Ya no se sentía triste ni deprimida. Por alguna razón no podía sentirse mal mucho rato si estaba en compañía de Teddy. En todo el mundo no había música como su voz. Con él, de pronto todas las cosas buenas parecían posibles. Ella no podía ir a Shrewsbury, pero podía trabajar y estudiar en la Luna Nueva, ay, cómo trabajaría y estudiaría. Otro año con el señor Carpenter le haría muy bien, tal vez tanto como Shrewsbury. Ella también tenía su Sendero Alpino para subir, y lo subiría, más allá de los obstáculos que se le presentaran en el camino, más allá de que hubiera alguien para ayudarla o no.