Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —¿Qué pasa? —preguntó, mirando a una y a otra.
—No pasa nada —respondió la tÃa Elizabeth, altiva—. Le he ofrecido a Emily una educación y la ha rechazado. Es libre de hacerlo, por supuesto.
—Nadie es libre cuando tiene mil antepasados —precisó el primo Jimmy con el tono extraño que utilizaba para decir ese tipo de cosas. A Elizabeth siempre la hacÃa estremecer; nunca podÃa olvidar que su extrañeza era culpa suya—. Emily no puede prometerte lo que quieres. ¿Puedes, Emily?
—No. —A pesar de sà misma, un par de gordas lágrimas le rodaron por las mejillas.
—Si pudieras —añadió el primo Jimmy—, por mà lo harÃas, ¿verdad?
Emily asintió.
—Has pedido demasiado, Elizabeth —le dijo el primo Jimmy a la airada señora de las agujas de tejer—. Le has pedido que abandonara todo lo que escribe… si le pidieras que abandone sólo parte… Emily, ¿y si te pidiera que dejes sólo parte? Eso sà podrÃas hacerlo, ¿verdad?
—¿Qué parte? —preguntó Emily con cautela.