Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Bueno, por ejemplo, lo que no sea verdadero. —El primo Jimmy se acercó a Emily y le apoyó la mano, con gesto implorante, sobre el hombro. Elizabeth no dejaba de tejer, pero las agujas iban más lentas—. Por ejemplo cuentos, Emily. A ella no le gusta, especialmente, que escribas cuentos. Piensa que son mentiras. ¿No te parece, Emily, que podrÃas dejar de escribir cuentos durante tres años? Estudiar es muy importante. Tu abuelo Archibald habrÃa vivido a base de colas de arenque con tal de haber podido estudiar, muchas veces se lo oà decir. ¿Qué respondes, Emily?
Emily pensó con rapidez. Le encantaba escribir cuentos y serÃa difÃcil dejar de hacerlo. Pero, si podÃa seguir escribiendo fantasÃas nacidas del aire en forma de poemas, y bosquejos de personalidades en su cuaderno, e informes sobre los acontecimientos cotidianos, agudos, satÃricos, trágicos, según el humor que tuviera, podrÃa arreglárselas.
—Pruébalo, vamos —susurró el primo Jimmy—. Dale un gusto. Le debes mucho, Emily. Da tú un paso.
—TÃa Elizabeth —dijo Emily, trémula—, si me mandas a Shrewsbury, te prometo que durante tres años no escribiré nada que no sea verdadero. ¿Es suficiente? Porque es todo lo que puedo prometer.